Archivo Vice «A Cinco Años Del Manantial Masacrado» 17/Julio/16

Autor: Diego Enrique Osorno

El viernes 18 de marzo de 2011, alrededor de 50 camionetas pickup tripuladas por soldados del narco irrumpieron en Allende.  Los hombres armados tenían enlistados los domicilios de las casas, negocios y ranchos que iban a saquear y destruir. La administración de Sergio Lozano Rodríguez no hizo nada mientras ocurrió la masacre.

Los comandos llegaban a los domicilios y detenían a todas las personas que se encontraban ahí. Se llevaban también los objetos de mayor valor, como dinero en efectivo y joyas.

Una vez acabado el saqueo colectivo, Los Zetas demolían las casas. La realidad es que nada más se oyeron las granadas y unas explosiones, pero nunca se vio un cadáver ni se oyó un balazo. Todos los que se llevaron estaban vivos y después ya no se supo nada de ellos.

Se habla de 300 personas desaparecidas, pero se piensa que son más.

¿POR QUÉ SUCEDIÓ?

Una ruptura al interior de Los Zetas era la razón por la que Allende había sido arrasado en la primavera de 2011. Luis Garza y Héctor Moreno, robaron dinero de Los Zetas.

Garza Gaytán forma parte de la familia Garza que hace un centenario llegó de Lampazos, Nuevo León a radicar en Allende, Coahuila. Los Garza no eran una familia rica, pero vivían bien gracias a la buena cantidad de tierra que poseían y trabajaban. A la altura del kilómetro nueve de una carretera comunitaria entre Allende y el pueblo de Villa Unión está la entrada de sus propiedades principales. A esos ranchos de Los Garza fueron llevadas las personas detenidas en el pueblo en aquel mes de marzo de 2011. Por su parte, Héctor Moreno Villanueva, pertenece a una familia que hizo mucho dinero con una fábrica de hielo y luego con una pequeña línea de transporte regional.

Por lo menos desde 2008, Garza Gaytán y Moreno Villanueva empezaron a trabajar con Los Zetas. En 2011 ambos habían escalado tanto que alcanzaron niveles importantes en el tráfico de cocaína a Estados Unidos a través de Eagle Pass, la ciudad norteamericana colindante con Piedras Negras. Pero a principios de marzo de 2011, ambos rompieron con la banda.

Y el 18 de ese mismo mes, en venganza, sus antiguos socios tomaron el pueblo del que ambos eran oriundos para destruir todas sus propiedades y levantar a familiares, amigos y hasta trabajadores. Decenas de personas apellidadas Garza, Gaytán, Moreno y Villanueva fueron llevadas al rancho que está en el kilómetro nueve de la carretera entre Allende y Villa Unión. También fueron llevados veladores, cocineros, sirvientas, albañiles y cuidadores de gallos que laboraban para sus familias. Estos ranchos de los Garza, de acuerdo con la investigación de la Subprocuraduría, fueron convertidos en un campo de exterminio donde Los Zetas mataron a los retenidos y después los incineraron clandestinamente en tambos de diesel.

Mario Alfonso Cuéllar, quien había sido uno de los principales operadores de la banda en la zona, declaró en la corte texana que Miguel Ángel Treviño, líder conocido como el Z-40 había ordenado su muerte porque creía que estaba pasando información a la DEA sobre el tráfico de cocaína por Piedras Negras. En realidad, quienes lo estaban haciendo eran Héctor Moreno Villanueva y José Luis Garza Gaytán, dos de sus testaferros, quienes se acogieron al programa de testigos protegidos. Tanto Moreno Villanueva como Garza Gaytán ayudaban a Cuéllar a traficar entre 500 y 800 kilos de cocaína mensuales con destino al mercado de Estados Unidos a través de Eagle Pass, Texas.

La ganancia estimada era de 16 millones de dólares. Cuéllar, Moreno y Garza dejaron a Los Zetas sin ese ingreso y probablemente también durante los meses siguientes Todo esto justo en uno de los momentos más álgidos de la guerra librada por la banda de la última letra contra el Cártel del Golfo por el control mafioso de las ciudades fronterizas del noreste mexicano. Una guerra que exigía que Los Zetas tuvieran flujo de recursos. El tráfico por Piedras Negras era uno de sus pocos puntos estables, ya que en las demás ciudades de tránsito (Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros) era complicado trabajar debido a los constantes combates con la banda rival y las autoridades que no habían podido sobornar.

Todo esto derivó en el ataque indiscriminado en contra de familiares, amigos y trabajadores de Garza Gaytán y Moreno Villanueva, principalmente en Allende, aunque también en Piedras Negras y otros municipios de la región de Los Cinco Manantiales.

En 2011, durante la masacre del pueblo, el batallón de la 14 Región Militar llegó demasiado tarde. Cuando finalmente lo hicieron, los ranchos de la familia Garza ya habían sido abandonados por Los Zetas.

En realidad, son pocas las personas del noroeste de México las que llegan a denunciar la desaparición de sus familiares. El miedo tanto a las autoridades como a los grupos criminales se los impide. Las que lo hacen, buscan que sea a través de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (FUUNDEC) y Nuevo León (FUNDENL), o Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, organismos civiles que han intentado remontar esta barbarie.

Fuente: Archivo VICE

Nota completa: http://bit.ly/2sxPiqI

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