25 septiembre, 2020

Anatomía de una Masacre 12/Junio/17

La historia del asalto mortal a un pueblo mexicano cerca de la frontera con Texas. Y la operación antidrogas estadounidense que lo desencadenó.

Autor: Ginger Thompson 12/JUN/17

 

Héctor Moreno / Ex operario de los Zetas

Los Zetas controlaban todo. Hacían lo que querían. Cuando los soldados iban a una zona, alguien del ejército nos avisaba con antelación.

A veces llegaban aviones llenos de policías federales, con 200 oficiales, pero recibíamos una llamada una semana antes: ‘¿Almacenan algo en tal o cual casa?.’

Respondíamos: ‘No, no hay nada ahí.’

Decían: ‘Qué bueno, porque hay una orden de cateo para ese lugar y los agentes van a llegar el jueves.’

El gobierno nos dijo todo. Así sabía que, si el gobierno conseguía esos números, los Zetas se iban a enterar.

Ricardo Treviño (no tiene parentesco con los líderes de los Zetas)Ex presidente municipal de Allende

Una noche [los Zetas] golpearon a mi hijo. Fue muy feo. Tenía moretones en todo el cuerpo. Tenía la cara hinchada. Le pusieron una ametralladora en la cabeza y amenazaron con dispararle. Había estado tomando con unos amigos. Se detuvieron en una gasolinería. [Los Zetas] lo golpearon ahí, en frente de la policía.

Fui a la policía y pregunté: ‘¿Por qué por que chingados permitieron que estos cabrones golpearan a mi hijo?.’ Tomé las llaves de sus patrullas. Les dije: ‘¿De qué sirve tener oficiales en las calles si no van a proteger a la gente?.’

Me dijeron: ‘No podemos con ellos. Nos matan si tratamos de detenerlos. Traen muchas armas.’

Más tarde salí, me puse a tomar demasiado. Cuando caminaba hacia mi auto, vi a algunos policías cerca. Les grité: ‘Díganle al jefe [de los Zetas] que lo quiero ver.’

Al día siguiente, mientras hacía unas diligencias en el pueblo, vi una hilera de autos que venía hacia mí. Los autos frenaron frente a mí. ‘El jefe quiere hablar con usted.’ Me llevaron a uno de los autos. Entré junto al conductor. Era 42.

Preguntó: ‘¿En qué le puedo servir, señor alcalde?.’

Le dije: ‘Escuche, ¿cómo se sentiría si alguien le partiera la madre a su hijo? ¿No se encabronaría?.’

‘Por supuesto,’ respondió.

‘Pues estoy encabronado — le dije. Ustedes piensan que son muy cabrones porque tienen armas y no hay nada que podamos hacer. Puede que tenga razón. Pero en lo que a mi familia se refiere, si quiere tocar a alguien, viene conmigo. Si quiere matar a alguien, máteme a mí.’

Dijo: ‘No lo voy a matar. Usted no es mi enemigo, siempre y cuando se ocupe de sus asuntos y nos deje encargarnos de los nuestros. Pero, por favor, mantenga a su hijo en casa por la noche. Si quiere beber con sus amigos, que lo haga en casa. La noche es nuestra.’

 

DURANTE AÑOS, las autoridades estatales y federales en México no parecían hacer un esfuerzo verdadero para indagar en el ataque. Las autoridades federales mexicanas dijeron que sus predecesores no investigaron porque los asesinatos no se podían conectar al crimen organizado, pero reconocieron que ellos tampoco han investigado. Los estimados de los números de muertos y desaparecidos varían enormemente entre la cifra official, 28, y la de las asociaciones de las víctimas, alrededor de 300. ProPublica y National Geographic han identificado alrededor de 60 personas cuyas muertes o desapariciones han sido conectadas por familiares, amigos, grupos de apoyo a víctimas, archivos judiciales o informes periodísticos al asedio realizado por los Zetas aquel año. Los familiares fueron abandonados a su suerte a la hora de juntar las piezas de lo que pasó y reconstruir sus vidas.

ANONIMO,FAMILIAR DE DESAPARECIDO

“Yo sí metí una denuncia. El investigador me dijo que sería confidencial. Me prometió conservar mi identidad en el anonimato. Luego, unos días después, recibí una amenaza. Alguien me llamó al celular y me dijo que, si seguía con la queja, lo mismo que le había pasado a mi marido le pasaría al resto de mi familia. Mis padres aún vivían en Allende. Nunca me habría perdonado si algo les hubiera pasado. Llamé al investigador ese mismo día. Le dije que me había mentido respecto a mantener mi nombre en secreto y que quería retirar mi demanda. También fui al consulado mexicano en San Antonio. No creerá lo que me dijeron. Me echaron la culpa. Dijeron: ‘Ah, ahora viene llorando porque su esposo no aparece. Todo este tiempo usted sabía en qué negocios estaban metidos sus familiares, pero no pareció importarle hasta que se vio personalmente afectada.”

Nunca más le pedí nada al gobierno.

 

Nota Completa: http://bit.ly/2smgQih

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